Saturday, March 29, 2014

Publicaciones Recientes






Título: La estatua en el jardín
Género: Novela
No. de páginas: 173
ISBN 978-612-4059-98-8
Editor: Editorial Universitaria de la Universidad Ricardo Palma
Lima 33, Perú. Telf. 708 0000, anexos 8005 y 8009
email: editorial@urp.edu.pe


Título: La primera espada del imperio
Género: Cuentos
No. de páginas: 93
ISBN 978-612-4116-45-2
Editor: Editorial Casatomada S.A.C.
Av. Mariátegui 1600 - Dept 502, Lima 11, Perú
Telf: (511) 997 928 010
email: ecacatomada@gmail.com

Monday, April 1, 2013

Edición Española de El Tramo Final



Autor: Siu Kam Wen
Editorial: Chindia Editorial
ISBN: 978-84-15750-51-2
Páginas: 168
Año: 2013

La edición de El tramo final constituye la recuperación de la primera obra que publicó el escritor chino-peruano Siu Kam Wen, nacido en China, emigrado de niño a América Latina y convertido en autor en lengua española a los 34 años. Se trata de una selección de nueve relatos, algunos premiados anteriormente y editados en publicaciones peruanas, de un conjunto mayor en el que describe la vida de la comunidad china del Perú y, especialmente, de Lima.

Estos cuentos reflejan el proceso de transculturación y de americanización de esa comunidad y, a la vez, recrean tanto la realidad social y política del Perú de la época como, sobre todo, la riqueza de un mundo híbrido chino-peruano que empezó en ese país a mediados del siglo XIX y que llega hasta nuestros días dejando una impronta indeleble en terrenos como la gastronomía o el comercio. Mucho menos conocido que sus equivalentes en los Estados Unidos o Inglaterra, el barrio chino de Lima no sólo se convirtió en su momento en el más poblado del mundo occidental, sino que fue también, y en buena medida lo sigue siendo, el primero y el más importante de todos los países de habla española. Estos relatos nos transmiten historias apasionantes y desconocidas sobre la llegada de los chinos al Perú, sus posiciones políticas y sus temores, los matrimonios híbridos, su marginación por parte de blancos, criollos, cholos y otros estratos sociales peruanos, sus vínculos con otra gran colonia de emigrantes (los japoneses), su peculiar relación con el nuevo idioma, que provocaría que las primeras reseñas de este libro dudaran de la existencia del autor, o la persistencia de ciertas costumbres chinas en un marco tan excéntrico. Y todo ello con un uso sorprendente y novedoso de la lengua de Cervantes, adaptada doblemente a lo peruano y a lo chino y, por lo tanto, enriquecida a la vez que perfectamente comprensible y efectiva.

Esta nueva edición incluye un prólogo del autor escrito especialmente para su primera publicación en España.

El libro puede ser adquirido directamente de:
http://www.chindiaeditorial.com/ficha/261/0/3362/el-tramo-final.html

Saturday, March 23, 2013

Mis Años (1959-1964) en el Colegio Diez de Octubre (II)

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Diez de Octubre

En abril de 1962 el colegio Sam Men comenzaba una vida nueva en un vasto terreno casi baldío de Breña. La única estructura que había dentro del claustro de sus cuatro muros era el pabellón de primaria. Ese terreno había pertenecido anteriormente a una ladrillera y eso era evidente en el campo de fútbol, que no era tal sino un campo con mala hierba y vestigios de la elaboración de ladrillos.

El nombre del colegio, que era ahora prominente sobre el portal, había sido cambiado a “Colegio Combinado Chung Hua-Sam Men” en chino y “Colegio Diez de Octubre” en castellano. Nos habían hecho confeccionar un nuevo uniforme que recordaba al del Colegio La Salle, con un saco plomo a cuadritos minúsculos, camisa blanca y pantalones o faldas azul marino tanto para las chicas como para los muchachos. Por primera vez, teníamos también un escudo tricolor cuyo diseño permanecería constante a través de los años.

Los nuevos encargados

La nueva directora era una norteamericana llamada Ella Greve. Había sido la directora del Colegio Americano, de Callao. Debió tener más de sesenta años en esa época, pero no se veía agobiada por los años sino todo lo contrario: era muy alta, 1.9 metros por lo menos, y se veía aún más porque se mantenía siempre erecta, incluso cuando estaba sentada en un ómnibus.
(Ella falleció en el 2003 o el 2004, en un asilo para ancianos de Colorado, a la edad de 99. Yo le había escrito dos o tres veces y ella siempre me contestaba amablemente, a través de una enfermera, ya que entonces estaba prácticamente ciega. En su última carta me habló de la nieve que estaba cayendo.)
El joven hombre que había reemplazado al señor Chen procedía de Taiwán y se llamaba John Lee. Era un graduado de la facultad de lenguas extranjeras de la universidad de Taipei, especializándose en español y en ruso. Era guapo y activo, con un pelo siempre corto, a lo militar, y le gustaba llevar un sobretodo cuando hacía frío.

Los otros profesores

Las señoritas Wu, Perla, Betty y Esther pasaron también al local de Breña, y la primera, que venía de Hong Kong y no tenía a nadie conocido en Lima, fue a vivir en el mismo chalé en que vivía Miss Greve, ubicado a pocas cuadras del colegio.

Los nuevos alumnos

El nuevo comienzo del colegio chino, llamado ahora Diez de octubre, coincidió con la abolición de las restricciones que el presidente Odría había impuesto a la inmigración china. El resultado fue que entre 1959 y 1962 un número enorme de mujeres chinas y sus hijos fueron permitidos por primera vez a reunirse con sus esposos y padres. Eso se vio reflejado ahora en el número de nuevos alumnos que se matricularon en 1962 en el nuevo local de Breña. Muchos de ellos eran ya muchachos grandes; algunos de ellos incluso tenían la edad de estar en una universidad.

La Sección Especial

En vista de que la edad de muchos de estos nuevos alumnos, recientemente llegados de China y que por lo tanto no hablaban casi nada el castellano, hacía ridículo que fueran puestos al lado de los pequeñuelos de Infantil o de Transición, la directiva del colegio decidió crear una sección especial dedicada exclusivamente a enseñarnos a hablar y escribir el español en el tiempo más corto posible. El encargado de esta sección especial fue el profesor Lee, ya que era el único de los profesores que podía comunicarse con nosotros simultáneamente en chino y en español. Mr. Lee, que es así como lo llamábamos, hablaba sólo el mandarín, pero nos entendía si le respondíamos en cantonés.

Tiempos heroicos

Los años iniciales de su nueva vida fueron bastante duros para el Diez de Octubre. Nos faltaba materialmente casi todo: carpetas, pizarras, etc., eran rústicas e improvisadas. No había una infraestructura deportiva que se diga: tanto la cancha de tennis/badmington como las mesas de ping pong fueron creaciones de Mr. Lee, quien actuó en muchos casos como carpintero o pintor de brocha gorda. Y los árboles que hoy existen alrededor del muro fueron plantados por la misma Ms. Greve, sin ayuda.

Los cursos

Durante todo el 1962, pusimos nuestro mayor esfuerzo en aprender de memoria las conjugaciones de los verbos básicos y comprender la complejidad de la sintaxis del castellano. A veces, Mr. Lee recortaba algún artículo editorial de los diarios limeños y nos lo leía. El también nos hizo comprar un diccionario español chino recién compilado en China comunista, el mejor de su clase en esos días, para ayudarnos a leer.
Los cursos de chino disminuyeron: llevamos ahora sólo Lenguaje Chino y Ciencias Naturales, si recuerdo bien. Aunque los textos son ahora más “modernos”, el sistema de enseñanza continuó poniendo énfasis en la memorización de largos textos y las pruebas o exámenes consistían en “recitar” pasajes del texto escogido por el profesor y “reproducirlo”.

El gran salto adelante

Apenas iniciado el segundo semestre, comenzaron a prepararnos para saltar años. Yo iba a hacerlo del primero de primaria al primero de secundaria, un salto que daba vértigo. El curso que tenía la mayor dificultad en aprender era Geografía del Perú, ya que a diferencia de cualquier peruano de 13 años, yo no había oído nunca nombres tan corrientes como Cerro de Pasco o Tarapoto, ni sabía si quedaban al norte o al sur del país.
Un día, creo que fue en noviembre, nos subieron a todos a un ómnibus escolar y nos llevaron a una de las grandes unidades escolares para rendir nuestros exámenes, cosa que hicimos en forma oral y ante un jurado de unos cinco o seis profesores del plantel nacional. Todos aprobamos, unos con más facilidad que otros.

Nuevas profesoras

En 1963 la señorita Wu dejó Perú. Hubo también necesidad de más profesores para los cursos de chino. Dos nuevas profesoras, la señorita Molly Kao y la señorita Wei, llegaron de Taiwán y de Hong Kong respectivamente. La primera emigró eventualmente a San Diego donde fue dueña de un restaurante llamado Tía Molly y hoy vive en La Mar, California. La segunda fue mi profesora de chino y vivió por mucho tiempo en la ciudad de Nueva York con su esposo, un profesor universitario e ingeniero (hoy, según me informa Alfredo Chau, viven también en California).
La señora Aurora Wu de Escudero, una de las profesoras más queridas de castellano, se integró al plantel en esa época.

El pabellón de secundaria

Ese año comenzó también la construcción del pabellón de secundaria. Pero no sé por qué, cuando el segundo piso ya estaba bien avanzado, se detuvo la construcción. Eso fue aprovechado por los alumnos de mayor edad para levantar una suerte de escondite con tablas y cartones en ese piso sin techo, donde nos reuníamos durante el mediodía para fumar cigarrillos y beber cerveza.

El adiós

El 64 fue el último año que pasaría en Diez de Octubre. Durante las vacaciones de otoño mi padre cayó enfermo y tuvo que ser hospitalizado. Me vi forzado, como lo habían hecho otros dos compañeros míos antes, a abandonar los estudios y ayudar en la tienda. La situación no fue subsanada cuando mi padre recuperó su salud: no volví a un colegio hasta tres años después, y cuando lo hice, fue a la nocturna de un colegio nacional.

Sunday, March 3, 2013

Mis Años (1959-1964) en el Colegio Diez de Octubre (I)



Llegué a Lima, desde Hong Kong, en el verano de 1959, justo a tiempo para matricularme para el nuevo año escolar. Mi padre me llevó una mañana al jirón Junín, donde estaba el local de uno de los dos colegios chinos existentes en Lima entonces: el colegio San Men, cuyo nombre fue tomado de la frase “la ideología de los tres principios de la democracia”; el otro colegio era Chung Hua (“el pueblo chino”), que funcionaba, si no me equivoco, en el local de la Beneficencia China y empleaba a los mismos profesores que enseñaban en San Men.

El local
San Men compartía el mismo local --una quinta con patio abierto y un segundo piso en la parte de atrás, y a la que se ingresaba a través de un portón pesado de madera-- con las oficinas del periódico chino Man Shing Po, que era un órgano del partido Kuomintang y era financiado con recursos provenientes del gobierno nacionalista de la República de China, en exilio en Taiwán. La edición diaria del periódico era redactada la noche anterior, armada en la mañana, impresa en la tarde y salía a la calle a eso de las tres; se vendía en unos dos o tres kioscos ubicados en Paruro y en Capón.
El jirón Junín era una transversal del jirón Paruro, una calle sombría poblada por marmolerías y funerarias, donde los ataúdes estaban a la vista de los transeúntes. Cerca estaban la Casa de la Moneda, la plaza Italia y una comisaría.
En el mismo patio donde tomábamos nuestros recreos había un enorme depósito de basura en el que terminaban los ejemplares viejos del periódico chino o los papeles usados por su Redacción. Ese depósito era un tesoro para los que eran aficionados a coleccionar estampillas, pues los sobres de la correspondencia que recibían los redactores de Man Shing Po terminaban también allí. La mayoría de las estampillas que llegué a coleccionar de ese modo provenían de Taiwán y algunas de Hong Kong o de Indonesia.

Los encargados
Mi padre me llevó a la presencia de la directora. Era una señora italiana o de ascendencia italiana que llevaba el pelo teñido de rubio. La primera cosa que hizo fue escoger un nombre español para mí, o convencer a mi padre que me pusiera uno. Así, salí esa mañana llamándome todavía Siu Kam Wen, pero cuando volví a casa tenía ya otra identidad: José Siu Li. Este nombre habría de figurar en todos mis certificados escolares y causarme más de un serio problema en el futuro.
La señora italiana era sólo un testaferro: el verdadero mandamás del colegio era el encargado de los cursos de chino. éste era un cincuentón calvo con una complexión sanguínea; procedía de la provincia de Guangdung o Guandxi y se llamaba Chen Chi-Wo. Este poco feliz nombre fue la razón de que al señor Chen se le conocía entre el alumnado más por el sobrenombre de El Chivo o El Chivato.

Los cursos

Se dictaban entonces los cursos de castellano en la mañana y los de chino en la tarde. Como no sabía una palabra de castellano, a pesar de mi edad, que eran los ocho, me colocaron con los párvulos de Infantil. Pero para los cursos de chino fui puesto en el tercero de primaria.
Había otros muchachos como yo, recién llegados de China o de Hong Kong; algunos de ellos eran mayor que yo por un año o dos. Ellos, es decir, unos chicos de diez u once años, se sentaban siempre conmigo al fondo del salón, para no taparles la vista a los otros, que habían aprendido a andar no hacía mucho! Nuestro primer y único texto escolar fue un abecedario y luego un silabario.
Para los cursos de la tarde usábamos textos chinos usados en los colegios chinos de lo que llamamos los Mares del Sur, es decir, países como Indonesia, Singapur, Filipinas, Cambodia y Vietnam. Eso producía un efecto alucinante en nosotros, puesto que teníamos que memorizar, para la clase de Geografía, los nombres de ciudades, departamentos y accidentes geográficos que nada tenían que ver con el Perú o con China; y aprender a reconocer plantas y frutos exóticos en la clase de Ciencias Naturales. Por suerte, Historia era diferente y se ocupaba solamente de la historia de China.
Los cursos de chino eran conducidos en cantonés. Además de Geografía, Ciencias Naturales, Historia y Educación Cívica teníamos que aprender también caligrafía china y el uso del ábaco. Para Lenguaje Chino estudiábamos los clásicos.

 

Los profesores

El señor Chen era nuestro profesor principal de chino. Era asistido por dos o tres profesoras. Sólo recuerdo el nombre de una de ellas: la señorita Wu, que venía de Hong Kong.
De las profesoras de castellano me tocaron a las señoritas Betty (Bettina Punchín) y Esther Wong. La primera fue mi profesora de Infantil y la segunda de Transición. Ambas eran tusanes y la señorita Betty la más guapa y elegante de las dos; de la señorita Esther, recuerdo que era más delgada y tenía lo que llamamos un rostro de la forma de una semilla de melón.
La señora Perla Puell enseñaba los últimos años de primaria y nunca fue profesora mía.

El uniforme

Usábamos entonces el mismo uniforme de color caqui que usaban todos los alumnos de los colegios nacionales, con corbata y cristina (gorra) del mismo color.

Días especiales

Había dos fechas que eran especiales en nuestra vida escolar. La primera era el Día del Doble Diez. Ese día era celebrado con actuaciones del alumnado en la Beneficencia China. Los alumnos eran preparados de abril a septiembre con miras a esas actuaciones anuales, consistentes en danzas folclóricas tanto peruanas como chinas. Había también un largo discurso a cargo de un alumno escogido especialmente por el señor Chen. Yo fui ese alumno durante dos años y tengo una foto para probarlo.
La otra fecha importante era la de la clausura del año escolar, pues en ese día se anunciaban los primeros tres puestos en aprovechamiento, que eran muy peleados. Fui siempre el primero hasta que Carlos Yep, que era mi mejor amigo de esa época, me destronó en el quinto año.
En una ocasión nos subieron a un ómnibus grande, repartieron banderitas peruanas y chinas entre nosotros y nos llevaron al aeropuerto para despedir al doctor Manuel Prado, entonces presidente de la república, que estaba embarcándose en una visita a Taiwán y otros países de Asia.

Sucesos extraordinarios

Nuestra tranquila vida escolar se vio rota un día cuando uno de los alumnos fue atropellado por un carro ante el portón mismo del colegio. No llegué a ver al muerto ni saber quién fue la víctima. El cadáver había sido retirado rápidamente, pero en la pista se quedó una sustancia gris proveniente del cráneo destrozado del pobre chico.
Otro día, los militares dieron un golpe de estado e hicieron rodear con tanques el Congreso, que estaba a unas tres o cuatro cuadras del colegio. Las clases fueron suspendidas al mediodía y a los alumnos nos enviaron a nuestras casas.

Mudanza a Breña

Un poco antes de terminar el año 1961, el señor Chen, que me tenía un afecto especial, me llevó a su departamento en Paruro, me regaló unos libros y se despidió de mí. Fue en ese momento que recién me enteré de que el colegio chino se iba a mudar a un nuevo local en Breña y que iba a haber un cambio radical entre el personal. El Chivo decidió retirarse y volver a Taiwán, donde murió aparentemente solo, unos diez años después. (Sus amigos encontraron mi nombre y dirección en la agenda que dejó, y me enviaron una nota informándome de su fallecimiento).

(Continúa)

Friday, January 11, 2013

Una Foto en Caretas del 28 de Diciembre

Peligroso individuo armado anda suelto en Barrio Chino alarmando a los vecinos...

Tuesday, August 7, 2012

Tigre Literario - Artículo en Caretas

Suerte que nací en el Año del Tigre, y no en el de la Rata, del Cerdo o de la Cabra. Imagínate un título como "Rata Literaria", "Puerco Literario" o, el peor de todos, "Cabro Literario".


Saturday, July 14, 2012

Celebrando los 30 Años de Kloaka


Kloaka(30 años) forever !

por Mario Wong

« …la leona ha parido en medio de la calle, y
Las tumbas se han abierto y vomitado a
Sus difuntos. Guerreros feroces combaten
Entre las nubes en filas/
(…) »
J.A. MAZZOTTI  

« …dans le cercle vertigineux de l’éternel retour l’image meurt inmédiatement. »
                                                                                                      D. CAMPANA (*)


In memorian Ricardo Quesada



     Los poetas modernos han tenido, desde siempre, una actitud de vanguardia; ha sido una cuestión vital para ellos, como lo es la creación poética misma. « Être toujours moderne! », escribiría Arthur Rimbaud. Una actitud vanguardista frente a la vida misma; en ésto, en la poesía peruana -más allá de las diferencias generacionales- hay ciertas constantes (sobretodo, en los de las década del 70-80), como si el mito de la modernidad literaria, en sus expresiones poéticas, se hubiese prolongado hasta sus últimos estertores. En los 80-90s otro es el panorama.
     La crisis sistémica y sus manifestaciones violentistas, a nivel político, con la irrupción de SL, el MRTA y el inicio de la « guerra sucia » (tal vez, al comienzo de su accionar permanecía, aún, la « ilusión heroica » del cambio revolucionario), fue como un baldazo de agua fría para las nuevas hornadas de poetas. El fenómeno es complejo, atrayente, como que rechaza las explicaciones determinísticas, pero no voy ha ocuparme de ésto en este artículo, que es una suerte de homenaje a Kloaka.
     El movimiento artistico Kloaka, que surgiese a comienzos de los 80s, asume, de alguna forma, esa actitud avantgardiste; pero, en su meteórica existencia, en la búsqueda expresiva de la beauté sauvage y espontánea, se manifiestan ya, como si de el canto del cisne se tratase, el fin de una generación que todavía creía en el mito de la modernidad; sin embargo, pienso, es la postura « anarquista-underground » la que prima (ahí están el performance en « La Catedral », un bar de aserrín y colillas de la Pza. Unión, con travestis, Kola-rock, Durazno Sangrando, etc.; el recital en el auditorio de Miraflores; las lecturas y volanteos, se me aparece el poeta R. Q., repartiendo sus fanzines en el Bd. Quilca, con el grupo Del Pueblo, y toda su iconografía). Y ahí, en ese  momento, en la desestructuración y el desarraigo, y en el desencanto generacional, empiezan ya a manifestarse otras cosas a nivel de la creación poética. Intentaré precisar esto.
     Ya de por si la situación -de caos, de violencia política, de crisis económica y miseria social por la que atravesaba el país (sin encontrar una salida)- era « cloaca »; como si se hubiesen desembocado los jínetes del Apocalipsis. Los miembros del movimiento -José A. Velarde, Edián Novoa, D. de Ramos, Mary Soto, Roger Santivañez, J.A. Mazzotti, Mariela Dreyfus, Guillermo Gutiérrez, Julio Heredia, E. Polanco, D. Ruiz Rosas-  la asumían como experiencia vital creativa. Creo que lo que atraía del arte de las vanguardias a Kloaka (dadaismo, surrealismo, nadaismo y otros movimientos « infrarrealistas » o « real-visceralistas » latinoamericanos), en sus expresiones grupales (una suerte de « comunidad poética imaginada », libre) y creativas eran las posibilidades rupturistas y/o de relativización y parodia del sistema de representación político-social, en general, y de la instucionalidad artístico-literaria, en forma más específica. Esto, en su crítica de la burocratización partidaria (sobretodo, de las organizaciones de la izquierda peruana) y en la postura « heterodoxa » de rúptura artística y de desacralización de la obra, en lo que correspondía al canon artístico-literario (del arte como institución en si, y del lugar o lugares que ocupa la obra artístico-literaria), aún podía aparecer, e interpretarse, como manifestaciones « post-mayo 68 ». Se ubica para mí, en forma más precisa, entre dos periodos.
     Con la crisis  de representación política se asistió a una pérdida de sentido, a una desvalorización de todos los valores que habían regido la vida social. Así, el caos y la destrucción violentista devinieron una fatalidad; tensado por fuerzas extremas, en un conflicto que no tenía tregua ni solución mediata, el país se incendió. Los artístas y poetas contribuyeron, de una forma u otra (hasta en la aparente pasividad de algunos), a que el fuego se expandiese, como si estuviesen fascinados por la desaparición y la nada. El néant éternel (1)  como forma extrema del nihilismo, según Nietzsche, ejerció su atracción fatal; era nuestro destino, un deber fatal del arte y la poesía, acorde con el espíritu de negación. Paradojicamente, ahí, al borde del abismo (en que aparecen las visiones más terribles de la realidad) -con esa vocación párricida, iconoclasta que caracteriza la estética vanguardista y neovanguardista-, se manifiesta (en un exceso vital) la creación artística y literaria.
     Aparece el carácter catastrófico del capitalismo periférico -en sus manifestaciones tardías y/o « postmodernas »- en todas sus contradicciones; la recurrencia destructiva en toda las pulsiones mortíferas que lo atraviesan; el fin del mito del progreso sin límites. Ahí está el conflicto entre lo racional y lo arcaíco; pero lo originario, lo arcaíco, lo « regresivo » es inherente a dicho proceso, pone en cuestión (por la presencia de lo mítico) la separación racionalista del objeto y del sujeto (de la teoría kantiana del conocimiento y el gusto estético); y hace que afloren las fuerzas más irracionales y represivas que actúan, estas últimas, en lo que someten (a la nación quechua sumergida, dominada, acallada, por la que luchase el escritor J.M. Arguedas). Memoria & olvido: « recuerdo que no me acuerdo de nada y para mí, sin embargo, ese es el recuerdo más fuerte » (2).
     La descomposición de la ciudades y del país todo se hallaba en estado muy avanzado; el conflicto, en su grado extremo, más allá de las heridas profundas que se abrían (y de sus llagas purulentas) producía una tensión eléctrica, explosiva, rupturista y creativa en el arte y la poesía, en sus inicios. Cito: « Escalera del infierno; bajar en las noches por el jirón Belén y el bulevar Quilca es descender al subsuelo –VISITE NUESTROS SUBTERRÁNEOS. Profetas de la violencia; extremismo; Lucifer! Lucifer!, se ha metido en la droga, se ha metido en el trago, Lucifer! El Frontón (300 muertos para erigir la Jerusalém Celeste), Lurigancho, Santa Bárbara; « posesiva de mí, no entiendes de contradicciones ». Coche bomba! La Berna y el bonzo (el enmudecimiento total, cuando vio en la pantalla de la TV que un monje budista, en el Vietnam, rociaba su cuerpo con gasolina y se prendía fuego)…
     « Los poetas de Kloaka y gente del grupo Del Pueblo, al costado del cine-teatro Colón, leían poemas, tocaban música rock y repartían volantes. Palomeque, el ex-mozo de Las Vitaminas se hallaba parado en la puerta de un callejón, rata mojada bajo el cielo gris de Lima; pastelero spídico, muerto con el último cigarrillo entre los labios –« Si quieren matarme, mátenme! » Le dispararon a quemarropa… » (3), escribiría yo ya en París, años después, para ficcionalizar lo que se vivía, en una ciudad como Lima, en esa época. Recuerdo (ahora que he acabado de transcribir partes de este texto), me viene a la mente la noche que lo lei en « El Averno », a mi regreso al Perú, hace más de dos años; me lo pidieron Piero Bustos, de Del Pueblo,  y R. Q (además de él leyeron esa noche, también, el poeta dandy Frido Martin, D. de Ramos, Mary Soto y otros nuevos jóvenes poétas), quien estuvo muy próximo de ese grupo y del Movimiento Kloaka en esos tiempos.
     Se trataba de los efectos de la vida misma, en la Lima de los 80s; de la « Vida Artística » en sus calles y bares que -como sostiene el escritor argentino Alan Pauls- « es un principio de inmanencia, una especie de campo informe antijerárquico, sin más allá, que lo procesa todo –política, sexualidad, socialidad, territorio- y se define  menos por lo que son las cosas que por lo que pueden, menos por valores que por potencias. » (4). Y es ahí, donde aparecía, en ese entonces, toda la vitalidad de los que pertenecían a este movimiento; y me preguntaba hasta dónde eran capaces de ir, cuál era el límite de su potencialidad. El arte siempre es -como escribiesen G. Deleuze y F. Guattari (5)- una cuestión vital de flujos deseantes, desterritorializaciones, territorializaciones y líneas de fuga para intentar ir más allá, siempre más allá (aunque se nos vaya la vida en ello, y pienso en este instante en el poeta R. Q.), limando los muros del orden establecido; cuestionando los gustos estéticos tradicionales y hechando a tierra los prejuicios de la moral impuesta. Pienso, y lo puedo decir ahora, para concluir, que en el movimiento Kloaka la pasión política y la estética seguían articuladas, aún, en un modo de existir, en una inmanencia vital (ahí estan los manifiestos y las entrevistas). Agrego dos acápites:
1.- Desde hace buen tiempo el stablishment cultural limeño intenta, por todas las formas, « invisibilizar » lo que fue el Movimiento Kloaka; tratan de negar su importancia (más allá de la obra literaria existente de quienes pertenencieron a él), porque escapaba (o no se « ajusta ») a una cierta « tradición literaria ». Este es un largo y paciente trabajo de olvido y oscurecimiento. Por mencionar, sólo dos ejemplos: Me acuerdo ahora que, hace ya varios años, cuando estuvo por París Abelardo Sánchez León, asistí a una exposición sobre la poesía, que hizo en la cava de un bar del Barrio Latino, y en ella para nada hizo mención de alguno de los miembros de este grupo (todo se quedaba en Hora Zero, como que él pertenece a la « generación del 70 »; intervine para señalarle su « olvido » y, agregé, que el poeta Domingo de Ramos, con Ósmosis había merecido recientemente el Cope de Plata); otro « olvido », lean la introducción de la antología de los poetas del grupo Neón, escrita por dos de sus miembros; además del olvido, estan los lugares comunes y complacencias.
2.- Me entero, hace unos pocos días, y esto es mucho más grave (en cuanto concierne a un acto de censura ó de « autocensura »), que por presiones mediáticas de Rafael Rey y José Barba, conotados « políticos profesionales » de derecha (uno miembro del Opus Dei y el otro, transfuga ex-aprista), el responsable cultural de Petroperú tuvo que suspender un acto programado en homenaje por los 30 años de la aparición de ese cometa ebrio que fue Kloaka. Este acto de censura debe ser condenado, sin duda alguna. Expreso aqui mi solidaridad con quienes fuesen miembros de este movimento.


Mario Wong

Paris, 5 de Julio del 2012.


(*) Escrito en un cuaderno de fecha incierta (anterior a 1916) por Dino Campana, quizás el más grande poeta italiano del siglo XX (in : 0pere e Contributi, tome II, Florence, 1973, p.1;  Cit. de G. Agamben, Image et mémoire: Écrits sur l’image, la danse et le cinéma; en el ensayo « L’image inmémoriale », Éd. Desclée de Brouwer, París, 2004, p. 97).



Notas :
(1) Ver G. Agamben, L’Homme sans contenu, Circe, Clamency, 1996, p. 117.
(2) D. Campana, en el cuaderno señalado, escribe: «… ce souvenir qui ne se souvient de rien est le souvenir le plus fort. » (Cit. por G. Agamben, Image et mémoire, p. 110; la alteración del texto es expresa).
(3) M. Wong, El testamento de la tormenta, Huerga y Fierro Eds., Madrid, 1997, pp. 11-12.
(4) A. Pauls, « La solución Bolaño »; in: Edmundo F. Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau, Bolaño Salvaje, Ed. Candaya S.L., Barcelona, 2008, p. 329.
(5) Ver de ambos Capitalisme et schizophrénie 1. L’Anti-Oedipe, Éds. de Minuit, París, 1972/1973 y Capitalisme et schizophénie 2. Mille Plateaux, Éds. de Minuit, París, 1980.   

Saturday, April 14, 2012

Entrevista en diario La Estrella, de Panamá

SIU KAM WEN

Más allá de la tienda

LUIS PULIDO RITTER

luispulidoritter@gmx.net

Detrás de los mostradores el escritor pudo observar los sinsabores y los trabajos de la vida en un barrio obrero. Fue una experiencia que más adelante plasmaría en ‘La vida no es una tómbola’

2012-04-08 — 12:00:00 AMFacetas conversó con el escritor chino-peruano, Siu Kam Wen, que en su Perú natal ha sido objeto de reconocimiento, y que es considerado por los críticos literarios y culturales como un escritor merecedor de atención tanto por su aporte literario como por su temática, tradicionalmente excluida del canon literario.

¿EN TU NOVELA ‘LA VIDA NO ES UNA TÓMBOLA’ EL PERSONAJE DE HÉCTOR NO ESTÁ COMETIENDO DOBLE PARRICIDIO, ES DECIR, AL MATAR AL PADRE Y A LA VEZ A LA HERENCIA DE TODA UNA INMIGRACIÓN CHINA EN AMÉRICA LATINA AL NO QUERER SER UN TENDERO?

Yo no usaría una palabra tan fuerte y radical como ‘parricidio’, pero es cierto, con su negativa a seguir la vida de un tendero Héctor estaba subvirtiendo tanto la autoridad paterna como la tradición china, que es muy pragmática y estrangula todo idealismo. La educación confucionista que supuestamente recibió Héctor, con su insistencia en el amor filial, en la obediencia a los padres y en los valores del pasado, era también sumamente asfixiante para alguien que había sido trasplantado del Oriente al Occidente, y conocía por primera vez lo que son la libertad y la modernidad. Entonces, tuvo que rebelarse para poder salir adelante.

HÉCTOR HABRÍA QUERIDO SER PROFESOR DE FILOSOFÍA, PERO TERMINA ESTUDIANDO CONTABILIDAD PORQUE NO HUBIERA SOPORTADO LAS BURLAS DE SUS ESTUDIANTES POR SU LLAMADO ACENTO CHINO...

Las barreras existen sólo para los chinos de primera generación, no así para sus descendientes, la mayoría de los cuales han sabido integrarse muy bien a la sociedad peruana. Héctor es mi álter ego en la novela, y su temor y sus problemas idiomáticos reflejan los míos. Aún hoy, soy muy renuente a hablar en público o por teléfono, ya que aunque domino casi perfectamente el español escrito, cuando hablo no me dejo entender con igual facilidad. Eso me ha hecho sentirme acomplejado.

¿QUÉ SIGNIFICA PARA TI, UN CHINO DE PRIMERA GENERACIÓN, ESCRIBIR EN ESPAÑOL? ¿HAS INTENTADO HACERLO EN CANTONÉS O EN MANDARÍN?

Comencé a escribir ficción a los diez años, pero en chino. Sólo a partir de los 29 decidí hacerlo en español. En esa época el panorama literario de los chinos en Perú era desolado; no había poetas ni novelistas; y se me ocurrió que si los de segunda o tercera generación no estaban dispuestos a asumir ese reto, lo haría yo. Fue una actitud un poco arrogante pero dio resultado. Por supuesto, antes de poder tomar la pluma y sentarme a escribir mi primer cuento en español, tuve que pasar por un largo y penoso proceso de aprendizaje del idioma. Yo no aprendí el español en la forma ortodoxa que conocemos, en la calle y en el colegio, sino haciendo traducciones de textos clásicos, del español al chino y viceversa, durante mis vacaciones de verano. Eso fue entre las edades de once y dieciséis. Cuando ingresé a un colegio nacional a los diecisiete, ya podía expresarme literariamente en español.

LOS DE LA COMUNIDAD CHINA EN PANAMÁ AFIRMAN QUE LO ÚNICO QUE FALTA ES QUE EL PRESIDENTE DEL PAÍS SEA DE ORIGEN CHINO...

Debido al impedimento del lenguaje, los primeros chinos que vinieron a América Latina no pudieron avanzar más allá de la tienda, pero los de segunda generación ya no se vieron limitados en su ascenso social o progreso personal. En Perú, también nos falta sólo un presidente de origen chino; primer ministro ya tuvimos uno. Comparado con los inmigrantes chinos que me precedieron, fui muy afortunado, ya que al momento en que inicié mi aprendizaje del español, se acababa de publicar un excelente diccionario español-chino; antes hubo sólo uno muy rudimentario e incompleto.

¿LA TIENDA DE LOS CHINOS NO SERÁ TAMBIÉN UN LUGAR DE SOCIALIZACIÓN E INTERCAMBIO HUMANO, DE APRENDIZAJE Y DE CONVIVENCIA HUMANA?

La tienda fue para mí, sobretodo, un lugar de aprendizaje. Desde detrás de sus mostradores pude observar a la multifacética vida humana desfilar delante de mí; y el hecho de que la tienda estuviera localizada en un barrio obrero ayudó aún más, pues llegué a conocer a la gente más pobre e incluso al lumpen. Ese contacto directo con la vida del hombre común fue la mejor educación sentimental que pudo haber recibido alguien que estaba destinado a ser un escritor algún día.

¿NO SIENTES NOSTALGIA DE PERÚ EN EL AGRADABLE CLIMA HAWAIANO DONDE VIVES DESDE HACE VEINTE AÑOS?

Sí. Echo de menos su comida, los amigos y la amada que he dejado atrás, y el hecho de poder hablar castellano todos los días. Lo que no extraño, eso sí, es el clima árido y el cielo siempre encapotado de Lima, la capital.