Saturday, April 14, 2012

Entrevista en diario La Estrella, de Panamá

SIU KAM WEN

Más allá de la tienda

LUIS PULIDO RITTER

luispulidoritter@gmx.net

Detrás de los mostradores el escritor pudo observar los sinsabores y los trabajos de la vida en un barrio obrero. Fue una experiencia que más adelante plasmaría en ‘La vida no es una tómbola’

2012-04-08 — 12:00:00 AMFacetas conversó con el escritor chino-peruano, Siu Kam Wen, que en su Perú natal ha sido objeto de reconocimiento, y que es considerado por los críticos literarios y culturales como un escritor merecedor de atención tanto por su aporte literario como por su temática, tradicionalmente excluida del canon literario.

¿EN TU NOVELA ‘LA VIDA NO ES UNA TÓMBOLA’ EL PERSONAJE DE HÉCTOR NO ESTÁ COMETIENDO DOBLE PARRICIDIO, ES DECIR, AL MATAR AL PADRE Y A LA VEZ A LA HERENCIA DE TODA UNA INMIGRACIÓN CHINA EN AMÉRICA LATINA AL NO QUERER SER UN TENDERO?

Yo no usaría una palabra tan fuerte y radical como ‘parricidio’, pero es cierto, con su negativa a seguir la vida de un tendero Héctor estaba subvirtiendo tanto la autoridad paterna como la tradición china, que es muy pragmática y estrangula todo idealismo. La educación confucionista que supuestamente recibió Héctor, con su insistencia en el amor filial, en la obediencia a los padres y en los valores del pasado, era también sumamente asfixiante para alguien que había sido trasplantado del Oriente al Occidente, y conocía por primera vez lo que son la libertad y la modernidad. Entonces, tuvo que rebelarse para poder salir adelante.

HÉCTOR HABRÍA QUERIDO SER PROFESOR DE FILOSOFÍA, PERO TERMINA ESTUDIANDO CONTABILIDAD PORQUE NO HUBIERA SOPORTADO LAS BURLAS DE SUS ESTUDIANTES POR SU LLAMADO ACENTO CHINO...

Las barreras existen sólo para los chinos de primera generación, no así para sus descendientes, la mayoría de los cuales han sabido integrarse muy bien a la sociedad peruana. Héctor es mi álter ego en la novela, y su temor y sus problemas idiomáticos reflejan los míos. Aún hoy, soy muy renuente a hablar en público o por teléfono, ya que aunque domino casi perfectamente el español escrito, cuando hablo no me dejo entender con igual facilidad. Eso me ha hecho sentirme acomplejado.

¿QUÉ SIGNIFICA PARA TI, UN CHINO DE PRIMERA GENERACIÓN, ESCRIBIR EN ESPAÑOL? ¿HAS INTENTADO HACERLO EN CANTONÉS O EN MANDARÍN?

Comencé a escribir ficción a los diez años, pero en chino. Sólo a partir de los 29 decidí hacerlo en español. En esa época el panorama literario de los chinos en Perú era desolado; no había poetas ni novelistas; y se me ocurrió que si los de segunda o tercera generación no estaban dispuestos a asumir ese reto, lo haría yo. Fue una actitud un poco arrogante pero dio resultado. Por supuesto, antes de poder tomar la pluma y sentarme a escribir mi primer cuento en español, tuve que pasar por un largo y penoso proceso de aprendizaje del idioma. Yo no aprendí el español en la forma ortodoxa que conocemos, en la calle y en el colegio, sino haciendo traducciones de textos clásicos, del español al chino y viceversa, durante mis vacaciones de verano. Eso fue entre las edades de once y dieciséis. Cuando ingresé a un colegio nacional a los diecisiete, ya podía expresarme literariamente en español.

LOS DE LA COMUNIDAD CHINA EN PANAMÁ AFIRMAN QUE LO ÚNICO QUE FALTA ES QUE EL PRESIDENTE DEL PAÍS SEA DE ORIGEN CHINO...

Debido al impedimento del lenguaje, los primeros chinos que vinieron a América Latina no pudieron avanzar más allá de la tienda, pero los de segunda generación ya no se vieron limitados en su ascenso social o progreso personal. En Perú, también nos falta sólo un presidente de origen chino; primer ministro ya tuvimos uno. Comparado con los inmigrantes chinos que me precedieron, fui muy afortunado, ya que al momento en que inicié mi aprendizaje del español, se acababa de publicar un excelente diccionario español-chino; antes hubo sólo uno muy rudimentario e incompleto.

¿LA TIENDA DE LOS CHINOS NO SERÁ TAMBIÉN UN LUGAR DE SOCIALIZACIÓN E INTERCAMBIO HUMANO, DE APRENDIZAJE Y DE CONVIVENCIA HUMANA?

La tienda fue para mí, sobretodo, un lugar de aprendizaje. Desde detrás de sus mostradores pude observar a la multifacética vida humana desfilar delante de mí; y el hecho de que la tienda estuviera localizada en un barrio obrero ayudó aún más, pues llegué a conocer a la gente más pobre e incluso al lumpen. Ese contacto directo con la vida del hombre común fue la mejor educación sentimental que pudo haber recibido alguien que estaba destinado a ser un escritor algún día.

¿NO SIENTES NOSTALGIA DE PERÚ EN EL AGRADABLE CLIMA HAWAIANO DONDE VIVES DESDE HACE VEINTE AÑOS?

Sí. Echo de menos su comida, los amigos y la amada que he dejado atrás, y el hecho de poder hablar castellano todos los días. Lo que no extraño, eso sí, es el clima árido y el cielo siempre encapotado de Lima, la capital.

Reseña en diario La Estrella, de Panamá

‘LA VIDA NO ES UNA TÓMBOLA’

Cuando la literatura es un espejo

LUIS PULIDO RITTER

Esta novela moderna, publicada en el año 2008, que versa sobre América Latina, ofrece un reflejo en el que los habitantes de esta región pueden reconocerse

2012-04-08 — 12:00:00 AMPANAMÁ. Con este autor chino-peruano, que es novelista, ensayista y cuentista, se abre todo un mundo desconocido por nosotros. El chino ha sido éso: el chino de la tienda, tanto en América Latina como en el Caribe, un signo, que nos resulta familiar y extraño. Con Siu Kam Wen, que nació en 1950 en Zhongshan, provincia de Guangdong, y que emigró al Perú con su madre en 1959, para reencontrarse con su padre, tenemos una novela, escrita en un estilo llano y sencillo sin artilugios y pirotécnicas literarias.

La mirada de Héctor es el álter ego evidente del autor. Pero a diferencia de la canción española de Marisol, donde nos sugiere que la vida es una tómbola, donde reina la suerte, la luz y el color, leemos a través de Héctor, de su crecimiento y de sus dificultades, precisamente lo contrario: La vida no es una tómbola (2008). La tienda es trabajo y privaciones, autoexplotación (donde no se conoce la edad) y empresa familiar.

Después de haber sido recibido inicialmente por su padre, con cariño y ternura (dos cualidades bastante raras dentro del estereotipo de los chinos), el padre obliga a Héctor a que abandone el colegio chino para que se dedicara completamente a la tienda. Este era su destino, no los estudios y, mucho menos, la lectura de clásicos literarios chinos, españoles o franceses. Esta polaridad entre la realidad del chico, la tienda, y sus deseos, el estudio, marca la tensión de la novela a través de una mirada aguda, despierta y crítica, que nos ofrece un retrato en movimiento de diferentes personajes, como el tío Elías, que muere en el intento de construirse una vida en el país adoptivo, y de Maggie, personificación de las chinas que, en el fondo, según el narrador, es una mojigata como todas las mujeres chinas.

Además, este retrato en movimiento que conecta el interior de la comunidad china con el país adoptivo, realiza a la vez un descubrimiento, cuando Héctor, en una escuela nocturna, se dio cuenta de que no era el único en vocalizar en castellano lo que se piensa en otra lengua.

También lo hacen aquellos que piensan en quechua. Este detalle, entre otros muchos, forman parte de esta novela moderna sobre América Latina, porque nos ofrece un espejo –de primera mano– donde nunca nos habíamos mirado.

Friday, February 10, 2012

Artículo en el seminario El Búho, de Arequipa

La estética de Siu Kam Wen

La pluma del Imperio

Hacia el año 1849, en el gobierno del caudillo Ramón Castilla, se aprobó la Ley General de Inmigración, conocida en aquel tiempo como la ley chinesca, por su clara dirección en pro de los inmigrantes coolies que llegaban a cubrir la falta de mano de obra en las haciendas del norte y centro del Perú. Su aporte al país desde entonces se ha hecho invalorable, no solo en la culinaria, sino también, recientemente, en la literatura.

Autobiográfico. Su primer libro “El tramo final” fue elegido como el mejor en su año de publicación (1985).


No solo son los miles de restaurantes chifas y el arroz chaufa, no la excepcional combinación entre lo dulce y lo salado, no las cientos de bodegas regidas por sus ojos vigilantes y desconfiados; no solo es el barrio chino, su calles, aromas, carteles, colores, el rojo, siempre el rojo que recuerda su bandera; es también el legado de una de las tradiciones culturales mejor reputadas del mundo antiguo, el legado de una literatura que durante milenios se consolidó a pesar de sus propios embates, como elucubra Jorge Luis Borges en su ensayo “La muralla y los libros”.

Desde Sun Tsu, pasando por la filosofía de Confucio, y los textos de Lao Zi, la escritura china que, incluso antes que la occidental, contó con imprentas de caracteres móviles, ha sido pilar de la literatura, aunque su incidencia en esta parte del globo no haya ni ha sido aun muy reconocida.

De esa larga y exquisita tradición nosotros felizmente también hemos bebido. La literatura nuestra, que es reciente y moderna, y la literatura china que es milenaria, ha dado pequeños pero significativos síntomas que demuestran la sinergia constante de la cultura. Allí donde habita el silencio, donde se teje la sombra, donde al parecer no pudiera brotar nada, aparece el arte de la escritura y recrea el espacio, convirtiéndolo una vez más en un espacio nuevo.

De esa recreación nace el arte superior de Siu Kam Wen, escritor chino-peruano nacido el año 1951 en Zhongsham, una pequeña localidad situada al sur de China. A los ocho años, luego de una breve estancia en Hong Kong, migró junto con sus padres, como muchos otros de sus coterráneos, hacia Lima, Perú. No es difícil imaginar el alto precio que tuvo que pagar para reacomodar su universo cultural al nuestro, quizá más disímil y conflictivo que el suyo.

Precisamente ése difícil tránsito, esa violencia contra el cuerpo que se desplaza está representada en muchos de los relatos que se encuentran reunidos en su primer libro “El tramo final” (1985). Libro que, valga el apunte, fue elegido como el mejor en su año de publicación y que terminada la década fuera considerado como uno de los 10 mejores libros publicados en el 80.

En este libro están representados con maestría jóvenes migrantes chinos o hijos de chinos que se enfrentan, por un lado a la sociedad limeña, nueva, extraña, fría y por el otro, con la memoria de una cultura de tradiciones férreas que se contradicen con la realidad circundante. Es por momentos autobiográfico, aunque en verdad en la literatura, en la ficción poco importa que sea o no autobiográfico. Importa que el cuento sea estéticamente interesante y Siu Kam Wen lo logra muy por encima de la valla del primer libro publicado.

Así, Siu Kam Wen, con la sencillez y solvencia de sus relatos ambientados en el mundo de las colonias chinas, pasó de ser un simple migrante a formar parte de la literatura peruana más importante de las últimas décadas, aunque, esto último, solo sea una ironía, puesto que el escritor nunca se relacionó con la literatura nacional y, todo lo contrario, luego de publicar su segundo libro, “La segunda espada del imperio”, abandonó el país rumbo hacia Estados Unidos y a continuación hacia Hawai, lugar donde reside hasta la actualidad.

Pese a ello, Siu Kam Wen no escatima en declarar su filiación con nuestra literatura. “Mi nacionalidad puede ser norteamericana, por nacimiento soy chino, pero como escritor soy peruano, porque casi todo lo que he escrito es sobre el Perú, sobre la gente, sobre mi experiencia en Perú”. Y pese a la distancia, hoy aún es posible encontrar nuevas ediciones de sus primeras obras como de su actual trabajo, que no cabe duda, es de lo mejor en la literatura actual peruana.


Por Arthur Zeballos Herrera